Bellezamarga, felicidaduelo


¿Cómo voy a hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas,
que sucedieron
y que no proceso,
cuando él ha llegado
y tú ya no estás?

¿Cómo explicar
el horror máximo
del momento de perderte
para el que la vida
me fue preparando
con cada pérdida,
con cada muerte?

¿Cómo hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas
que dejaste solas:
tus manos cruzadas
sobre el pecho,
tu expresión calmada
o contrariada,
todas tus destrezas,
el bote de basura,
todas las cerraduras?

¿Cómo voy a hablar
de la bellezamarga,
de la felicidaduelo
si apenas puedo
trazar una palabra
desde el embeleso
de sentir la vida dentro,
que, amada, se remueve,
danza,
llama,
da patadas,
crece?

¿Cómo describir
las pequeñas cosas
y las grandes cosas
de estar sin ti
y de estar con él
casi de inmediato
si aún no comprendo
todas las tragedias,
todos los milagros?

Perdón


Antoni Gaudí

Vitrales del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia (Fotografía: Crissanta).

Los colores queman los ojos
y no sé cómo explicártelo
porque son una niebla, bebé.

Son la luz
en todos los tonos que soñaste.
Son cada atardecer.

Son cada vez que he dicho lo siento.
Son cada vez que sentí amor.
Es limón en la lengua.
Es decirte: «Perdón».

Peso muerto


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Tu peso muerto,
grabado en la piedra.
Tu pecho hundido
que no volverá a respirar.

El pie inmóvil que cuelga,
la mano inerte.

Los dedos entre la tela
de la mano que te sostiene.

Tu nariz sin aire,
tu rostro rígido
petrificado en el gesto final.

¿Cómo alguien plasma
la inhalación que no volverá,
los pulmones que no se henchirán?

¿Cómo alguien esculpe
un pie que se quiere besar?

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Fotografías tomadas en la exposición Miguel Ángel Buonarroti, un artista entre dos mundos (Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, septiembre de 2015).

Acompaño esta entrada con una galería de imágenes de esta muestra aquí: ‘Miguel Ángel Buonarroti, un artista entre dos mundos’.

Ámbar


SALTO AL REVERSO

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El pintor se frustraba al final del día, un otoño. Buscaba capturar la luz exacta que atardecía en un extremo del cielo, en colores salmón, amarillos, verdeazulados.

Y al final fue sublime en su traducción.

Me acerqué a mirar su obra. Y sufrí, pero yo por una causa secundaria o, más bien, terciaria.

Miré la pequeña esquina de luz solar captada al momento de su huida. Corrieron mis lágrimas.

Todo lo que diga será en vano, todo lo que muestre será en vano. Lo que pueda llorar…

Aunque diga que él endulzó el sabor de la paja en el viento y que, en sus trazos, huele a durazno; aun así, todo es en vano.

Es como tú. Es la belleza.

Es el arrobamiento, el embeleso, el éxtasis de la contemplación.

Es la imposibilidad de la traducción.

Es mi imposibilidad de traducir la traducción.

Quiero hacer mis palabras dignas de ti…

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