Retazos de sueños


Que estaba de pie junto a una ventana, mirando hacia afuera. Llevaba un vestido café que me quedaba perfecto. Aún no se notaba, pero yo sabía que estaba embarazada y no podía esperar para soltar la noticia en medio de la comida familiar. Una alegría tranquila, una paz contenta.

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Que caminábamos por una ciudad con edificios modernos que se perdían en las alturas. Cruzábamos un semáforo cuando vi, en medio de la calle, el torso y la cabeza de un jabalí petrificado en una especie de gel. Espantada, noté que estaba vivo porque parpadeó. Nadie parecía ponerle atención.

No tuve mucho tiempo de horrorizarme por eso, porque entonces vi unos pequeñísimos ratones en el suelo. Estaban cubiertos de pelos pegajosos. Comenzaron a subirse sobre mi esposo, sobre sus piernas y su ropa. Quise quitárselos de encima con algunos manotazos, pero también estaban encima de mí, por todos lados. Echamos a correr y desperté.

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Baños. Cada noche sueño que debo encontrar un baño. Y todos están sucios u ocupados, o no cierran. Siempre tengo prisa.

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Me desperté con un sabor a sal en la boca. Era tan intenso, que al despertar tuve que buscar algo dulce que comer.

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Que conocía a Bono. 🙂 Estaba en un edificio al que un amigo mío me dejó entrar. Fui a pedirle un autógrafo. Me lo dio y comenzamos a hablar. Lo tomé de las manos, lo abracé y le expliqué lo que significaba para mí.

Él se veía cansado y enfermo, y no quería salir a enfrentar a la gente. Logró escabullirse en un auto y me dijo que subiera. Lo hice, pero me bajé unas cuadras adelante porque tenía que volver. Antes de irme lo besé en la boca.

Salí corriendo por una ciudad desconocida, pero que me era vagamente familiar.

Volar y desaparecer


Sé volar. Puedo volar. De hecho, vuelo… sólo en mis sueños.

Estaba caminando con amigos y familia en una calle de Coyoacan y eché a volar como suelo hacer, al ras del suelo.

Pero cuando entramos a una tienda con escaleras eléctricas, tuve que bajar. Al salir, volé sobre la explanada salpicada de gente. Simplemente dando un pequeño salto que me elevó del suelo y sosteniéndome sobre el aire como si nadara de pecho. Aunque pronto descubrí que volar de ‘crawl’ era más rápido y ofrecía mucho mas control al dar la vuelta.

Había sobrevolando la plaza durante un par de minutos cuando vi a dos policías sosteniendo cada uno un extremo de un cable y tendiéndolo frente a mi. Choqué contra él, al perder la concentración y el equilibrio.

Reclamé a los policias. Ninguna de las demás personas en la plaza parecía mirarme o darle la más minima importancia al hecho de que yo volara. Les pregunté si existía alguna ley que impidiera volar. Y me molesté porque no me interrogaron, ni me dejaron decir mi versión de los hechos.  No les importaba lo que tenía que decir.  Como siempre, a mí nadie me escuchaba.

Me alejé de ellos junto con una amiga. Escapando en medio del tumulto. Caminamos por la plaza hasta llegar a una habitación labertintica en busca de algo. Entonces encontré una pared blanca vacía. Le dije que eso no podía ser, pero ella me corrigió, senalando que era el sitio exacto. Y entonces vi un colchón allí.  Él/ella y yo nos acostamos bocabajo sobre él para ‘desaparecer’.

Él hizo el hechizo primero, pero antes de irse se quedó para explicarme y guiarme. Debía decirme las palabras del hechizo, pero era muy lento. Sus palabras no me sirvieron hasta que, ya desesperada, le oí decir algo acerca de una «tierra  más infinita», de un «mundo mas grandioso». Luego hizo pasó su dedo índice derecho sobre la primera falange del dedo anular izquierdo. Después acarició con dos dedos (índice y corazón) el dorso de su mano izquierda, haciendo la forma de una ‘V’.

Repetí las palabras e imité su gesto. Y en cuanto lo hice, senti que mis pies se desvanecían y comenzaba a sentirme mareada y sin fuerzas. Le dije: «Ya estoy lista, vámonos». Y dejamos que nuestro cuerpo completo resbalara por debajo de la cama, comenzando por los pies, hacia una nueva dimensión.

Descendimos lentamente hasta quedar sentados en el asiento de un teatro o cine. Y en la otra fila, a la derecha, veía a alguien muy querido, acompañado de una mujer.

Entonces, en la pantalla que estaba al frente de nosotros,  pasaron un reportaje acerca de el nuevo hobby de los asiáticos: volar sobre basureros. Fue entonces cuando lo recordé. Me volví hacia él, que estaba a mi lado y le dije, emocionada: «Soñé que volaba».

Otoño


Calle Misterios #11.

La casa junto al lago brillaba, antigua. Estábamos en la cocina de ese hogar conocido, mirando la puesta de sol (en otoño). Pero él no estaba.

Esa casa siempre será nuestra, no quiero olvidarla.

Yo había conocido a su padre.

Insistian en que nos quedáramos a dormir. Su abuela y su madre nos decían que la casa era enorme, que tomáramos uno de los muchos cuartos en vez de ir a un hotel. Pero él no quería, así que yo dije que no.

Desde entonces yo no era nada para él…

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Mi hermana y yo intentando actuar, saltando por un tubo y cantando. Yo lo hacía extremadamente mal y reíamos como antes, tiradas en el pasto sin importarnos la gente. Divertidas.

‘Los objetos no pueden lastimarnos’


Que estaba trabajando y mi madre estaba en casa. Pero de pronto me levanté para limpiar la mesa y los muebles que estaban sucios. Y de repente, me aturdió una nube…

Lo siguiente que supe es que iba en el coche con ella. Ella manejaba, pero de repente se bajó y yo quedé en el asiento del pasajero. Y el coche avanzaba solo y muy rápido.

Entonces logre sobreponerme a la niebla y detuve el coche frente a una zona de hoteles. La calle que conocía se habia convertido en un barrio desconocido. En cuanto me detuve para preguntar instrucciones, mi tia, otra prima y su hijo se subieron a  mi coche.

Desesperada, les dije que  no podía llevarlas porque eran las 3.30 y aún me faltaban tres notas que traducir. No sabía como habia llegado hasta ahí.

Después tuvimos que levantar a otra chica, pero mis padres ya estaban en el auto. Ibamos por el periférico. Nos metimos en una salida equivocada, pero regresamos y pasamos junto a un parque de diversiones parecido a six flags. Tenía  un juego como el del escorpión y todos gritaban desde el carro amarillo.

Yo miraba desde un puente peatonal con escaleras electricas. Tenía miedo de caerme; estábamos a gran altura y el parque estaba al alcance de la mano.

Unos hombres estaban cubiertos de magnesia aferrándose a varios tubos o estructuras, como gimnastas, probando que no se caerían. Era un acto circense, pero no tenian red ni arneses y estaba muy alto.

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Antes, habia estado en una casa en la que yo ayudaba a limpiar y él tambien. Estabamos en la cocina, tomados de las manos y nos decíamos cosas de amor.

Él me dijo que nunca tendríamos hijos juntos, pero que tendríamos cosas (como la espada de Gryffindor) y que las cosas, a diferencia de las personas, no podían lastimarnos.

Nos soltamos las manos súbitamente en cuanto escuchamos pasos en la cocina. Era la jefa. Venía para decirme que yo iba a dedicarme desde entonces a dar clases en ese kinder. Me hizo anotar los tres principios del colegio-

Mientras, él me miraba y fingíamos ser nada.

Retazos


No estoy segura de si estuve allí o no en un sueño (o fue un sueño despierto). Era un espacio amplio, un lugar destartalado en la azotea en algún lugar. Los muros eran amarillos de sol. Llegué ante un hombre y le di la espalda a una mujer. Debía informarles algo sobre mi misión.

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En una glorieta blanca, el camión viraba mientras nos daban instrucciones para dejarnos ir al centro del pueblo. Creo que estábamos en primaria, era un viaje escolar. (Fuera de lugar)

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Estaba en el Ajusco, terminamos de filmar una escena de la película. Me escabullí lejos del director para fumarme un cigarro y escaparme de la mirada de todo el mundo. (Fuera de lugar)

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Miraba a mi hermano jugar nintendo, me encantaba sólo mirarlo jugar Snake’s Revenge.

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Una tarde en Coyoacán, sólo divirtiéndonos los cuatro y vagando por las calles. Muy borrachos.

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Sentados frente a una mesa, estábamos sólo hojeando un libro. Nos abrazamos mientras lo leíamos y yo recordé aquella vez que platicamos abrazados durante un largo viaje. Era una sensación extremadamente agradable.

Pero la policía de mi mente irrumpió en forma de vigilantes del tren. Aparecieron para exigir que nos separáramos, mientras la multitud rugía allá afuera en una protesta.

Correr sangre


Me quedé dormida sólo un minuto y soñé que comía aquella pequeña hoja verde que siempre me daban para adormecerme. Y de repente, bajo los papeles en la mesa, veía correr sangre. Descubrí que la sangre manaba de mi brazo, de una herida abierta en diagonal. La sangre corría abundantemente, sin control, roja brillante, extremadamente cálida.

Y pensé…