Atrapada en mi calle


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(Soñé que) estaba atrapada en la calle de mi niñez. Y me di cuenta de que he estado atrapada allí desde hace mucho y para siempre.

Un río corría junto a la calle, cristalino, junto a los edificios conocidos.

Era esa hora de la tarde en que la luz se ha ido, pero aún no es tiempo de encender un foco. Y había partículas de polvo brillando por doquier.

Mi auto estaba mal estacionado, y tenía abiertas las puertas y la cajuela.

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Tocar la niebla


(Soñé que) podía tocar la niebla. Se disolvía entre mis manos como una cortina de gotas de lluvia diminutas y suspendidas.

A través de la ventana del salón, noté que el cielo se había oscurecido de pronto. Y se lo dije a todos, emocionada.

—Hay niebla.

A nadie parecía importarle tanto pero mi fascinación era absoluta.

Pasé horas en el sueño tratando de salir de habitaciones llenas de gente y cosas pasadas: compañeros de escuela, pertenencias queridas y perdidas.

No pude lograrlo, como siempre. Algo me detenía cada vez, me retrasaba, me hacia volver.

Fastidio. No angustia.

Sangre en el estudio de ballet


(Soñé que) habían matado a alguien en el estudio de ballet. Yo practicaba giros en la diagonal del salón y mis zapatillas se llenaban de sangre a cada paso.

Los asesinos estaban en una esquina, hablando.

—Al menos limpien la sangre —les dije.

Ellos discutían qué hacer con el cuerpo.

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La máquina (versión lineal)


Al principio ella pensó que era un #sueño, excepto porque no estaba dormida. Pero, ¿quién no ha soñado despierto? Alguien le estaba diciendo qué soñar. Esas olas rompiendo en la orilla, ese frío en los pies mojados. Era demasiado real.

Las bandas en su cabeza le dieron otra pista. Los ‘bips’ intermitentes del monitor le recordaron que no estaba en cama. Sus pies estaban sobre la arena de una playa, su cabeza en un austero cuarto de experimentación, conectada a una máquina.

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