En un castillo, la muerte (sueño)


(Por fin, un sueño…)

Estaba dentro de un castillo. Era hora de irme.

Caminé hacia la salida que custodiaban dos guardias. Por un momento temí que no me dejaran salir, pero descruzaron sus espadas y me abrieron paso a través de la reja blanca.

Salí a una explanada. Había una pequeña fuente frente a mí, me detuve a beber y un caballero, vestido con jubón y mallas, se acercó y bebió también.

Dio dos pasos e inmediatamente lo vi caer. Desenvainó su espada —que más que espada era un estilete, largo y afilado— como preparándose para el ataque, pero no había tal ataque: el veneno en el agua era lo que lo había matado.

Ya no se levantó.

Y entonces yo también caí al suelo, mareada, golpeada por un sopor irresistible. Pensé en el agua y el veneno. Y esperé la muerte.

Había mucha gente en la explanada, pero nadie se detuvo a ayudarnos.

Me quedé mirando lo que había ante mis ojos, al ras del suelo. Unos metros más adelante había un balcón, y más allá de él debía haber una imponente cascada, que yo sólo adivinaba debido al sonido y a las millones de gotas que rebotaban en forma de rocío.

Y encima de nosotros, varios arcos delgados de madera formaban una especie de techo, con verdes enredaderas rodeándolos. Y más allá, había un arco en el que la presión del agua hacía parecer que la cascada corría hacia arriba.

Me quedé arrobada ante la belleza del lugar. Y continué esperando la muerte. Y al fin, razoné que no llegaría.

Así que me levanté con dificultad y caminé hacia dónde había caído el caballero. Estaba junto a una estatua que representaba a un ángel, esculpido en piedra negra.

Me arrodillé, tomé el estilete que había quedado en el suelo y sin titubeos lo clavé en mi estómago. El dolor se mezcló con la falta de aire mientras sentía el metal penetrar mi cuerpo, con una sensación de alivio profundo, incluso de disfrute. Dejé escapar un poco más de aire y el arma penetró hasta la empuñadura.

Pero no morí.

Y me pareció que el arma podía quedarse ahí, entre mis huesos y mi carne, y permanecer ahí todo el tiempo que yo viva. Y así lo ha hecho, parece.

Imagen: Jerryk50 en Wikipedia

Imagen: Jerryk50 en Wikipedia

Estoica (poesía)


Melancolía insoportable,
inexpresable.
Desesperación salvaje,
inexpugnable.

No diré una palabra,
no cederé una lágrima.
Todo morirá en mis labios,
partidos de silencios,
amargos de palabras,
de explicaciones vanas.

Todo quedará en mis adentros,
anegados de sentimiento,
de cuchillos rotos,
de océanos inmensos.

Y mis manos,
esos instrumentos
de amor y consuelo,
de tortura y miedo,
abrazarán mi cuerpo
para que no se rompa,
contendrán la furia
y el impulso innato,
oscuro,
insensato.

Y se clavarán las uñas
en mis palmas,
en mis brazos,
en mi almohada.

Y gritaré hacia adentro,
y maldeciré mi alma.

Y sonreiré mañana,
estoica,
desdichada.

Foto: Anton Belovodchenko (african_fi) en SXC

Foto: Belovodchenko Anton

Publicada también en Salto al reverso.

Lejanía


Silencio.
Tiempo.

Una noche larga,
obligada.

in black

Dos mil ángeles y el mío (sueño)


Me miro en el espejo por séptima vez en la mañana:
mi cabello se tiñe del color de mis ojos ahora oscuros,
más pálida hoy que ayer.
Nada detrás, nada delante.

La jaula de plata me lleva al subsuelo.
¿Nadie?

Siguiendo mis pasos, él:
torso desnudo, porte altivo, rebelde,
alas enormes azul celeste,
ojos fulgurantes en la bruma,
bello.

Camina invisiblemente silencioso tras de mí,
mira fijamente.
Me detengo – se detiene.
Busco a mi amante;
me escucha mi amante.
Sigo, sigo.
Un abismo se abre a mis pies
mientras prendo un cigarrillo.
Lo apago en él para apaciguarlo.
Se cierra. Camino.

—Memoria imperecedera,
recuerdos que no mueren—. Sigue leyendo

Cara o cruz (poesía)


Un alma en la montaña
—habría jurado que eras tú—
lanzando una moneda,
esperando
que yo pidiera
cara o cruz.

Mi alma esa mañana
en la que todo era infancia
y latidos sin razón,
nadando en la telaraña
de la consciencia apenas ganada.
Y yo sospeché que eras tú. Sigue leyendo

Reposo astral (sueño)


Abandoné la reunión siguiendo al hombre guapo, pero lo perdí de vista entre la multitud que estaba fuera del lugar.

Pero encontré a alguien más: ese hombre del pasado. Él esperaba a una chica en los escalones que daban a su casa. Y yo esperé con él. Recargué mi cabeza en su regazo, en un pequeño espacio, y me invadió una sensación de descanso y ternura. Como si toda mi vida hubiera esperado ese momento y como si eso pudiera sanar el dolor en nuestras almas para siempre.

Pasaron algunos minutos y me di cuenta de que era tarde. Quise marcharme. Se ofreció a acompañarme y yo me negué. La mujer que él esperaba salía ahora, y yo supe que él estaría bien cuidado.

Iba a meterse el sol cuando traté de regresar a casa. Me perdí en las calles y no pude lograrlo.

El hilo rojo del destino (poesía)


Día 23- NaPoWriMo (fail)

We are tied
with an impossible bond,
like a ribbon of silk
that keeps loosening up
everytime,

once,
twice,
and again
and once more.

We are bound
to be forever apart
and forever near
like parallel lines
that never touch
but never separate.

Delicate strings
of loving silk
that can never make
a solid knot.

The red thread of fate. Sigue leyendo