Victoria


Victoria.

¿Lo hemos logrado?
¿Yo y ella,
él y todos,
Dios?

¿Adiós al continuo salto
al filo de la navaja
de la razón?

¡!

Maravilla,
controlar mis manos.

Gloria,
usar mi voz.

Suprema dicha,
desterrar la idea
asesina,
atroz.

¡!

Ella,
sus manos que guiaron mis ojos
para ver.

Él,
infinita paciencia
que me regaló la alegría
y la fe.

Él,
mi prodigio de calma,
sus ojos limpios,
sus palabras que me llenaron
de amor.

Él,
quien alcanzó mi mano
en el abismo mayor.

Él,
cuya traición y malicia
provocaron la reacción.

Él,
el enemigo
que se reveló.

Dios,
que definió el montaje
y rehusó el deseo
de mi corazón.

Bien,
me quedaré una hora,
el minuto siguiente,
décadas bajo el sol.

Si eso es lo que quieres,

Dios.

Toda la vida
bajo el escudo
que hemos creado
ellos y yo.

Final victoria.
¿Lo hemos logrado?
¿Realmente acabó?

Rasguño


One single scratch on my skin,
a hundred more in my mind.
But I won’t give in
to the sickness of man.

I feel awake now
after day/nights of hell.
Don’t isolate yourself,
he says.

No, no lo haré.

Solo un rasguño en mi piel,
en mi mente cien más,
pero no cederé
a la mala fe,
la crueldad.

Life, it presents to me
the highs and the lows,
the best and the worst
of mankind:

alguien que busca herir,
alguien que busca sanar.

Aprenderé a discernir.
I won’t be alone.

La complicada huida (sueño)


Era el momento esperado después de décadas. Debía salir de ahí y yo quería su compañía. Los recuerdos de años eran grilletes en cada una de las habitaciones de esa prisión; en cada pasillo, balcón, ventana enrejada. Incluso estaban presentes en el patio de ‘recreo’ que daba al exterior.

Tirados en cama, en la celda, fingíamos dormir ante la vigilancia.

Había que escapar y yo sabía las claves. Eran frases, no demasiado largas para recordar pero un reto a mi memoria dañada. En voz baja le pedí a él que las memorizara también. Le dije que era la única forma por si en el momento del escape nos arrebataban todo, todas las notas, todas nuestras posesiones.

Puse en marcha el plan cuando todos en la prisión estaban despiertos. La gente caminaba por todos lados sin sospechar que se acercaba la alarma, el veneno escondido, el momentáneo caos.

Y así llegó. Eclipsé sus mentes con la sustancia disfrazada. Una mano tendida hacia mí en súplica, pero no. A partir de entonces nadie me recordó. Pude caminar ante sus ojos como una desconocida. Nadie trató de detenerme cuando usé las claves aprendidas para largarme.

Ahora todos me sonreían, ciegos. Oh, pero yo sabía. Yo recordaba todo, las décadas y las frases.

Y era un lugar nuevo la prisión. Un lugar de retiro junto al mar: barcos y veleros anclados en las orillas, gente paseante bajo el sol. Se acercaba el ocaso. Muchos querían volver a casa y yo no sabía hacía dónde era eso.

Así que me acerqué al muelle donde la gente feliz lucía algo angustiada. Querían la vía de salida más rápida. Y yo no. Yo miraba el mar con ojos nostálgicos de quien no quiere apartarse, y pensaba que nada me haría más feliz que sumergir mis pies en sus lenguas azul cobalto.

¿Está cerrado el mar? El encargado de los barcos dijo que no. Y cuando me miró a los ojos, supe que él sabía quién era yo. Pudo ver a través del olvido. Dejó a los otros marcharse en el submarino exprés, y me ofreció un paseo lento que me permitiría mirar a mi antojo las olas.

Acepté. Me bañé en mi camarote frente al amplio ventanal que mostraba el mar. Todo era agua a mi alrededor: la vista, el tacto, en mi boca, y el vapor. Nada más necesitaba mi corazón que mi propio elemento. El cabello largo y fastidioso se aplacaba en el rocío de la regadera caliente.

Oh, ¿y por qué no me he lanzado al mar?, pensé.

Llegando a puerto, seguí una voz conocida hacia afuera. Y me encontré una pistola apuntando a mi frente. Y no una, veinte armas hacia mí, en una extraña práctica policial en plena vía pública.

Pero había un hombre que me apuntaba fijo y me sonreía. Hazlo, pensé, mirando su rostro indescifrable. Me encogí esperando la bala cuando tiró del gatillo. Y vi llegar a mi rostro agua, de su pistola de agua. Agua, agua, agua. Y sonreí al entender su gesto. Y sentí la angustia en mí y no alivio. Nunca alivio. Solo agua, agua, agua.

Azul


image

Azul arriba,
en la línea del cielo.
Azul debajo.
Vuelo hacia el tiempo.

Por un prodigioso esfuerzo
sigo en mí.
No pierdo.
Llevo diez días enteros
sonriendo.

Pero caeré al fin.

Te llevo en las hojas
de mi cuaderno.

Me llevo a mí
partida en mil.

Azul brillante,
azul cuaderno,
azul verano,
pálido,
cielo.
Azul sereno,
puro,
de sueño.
Azul infierno
dentro.

La tercera persona


Avatar de Carla Paola ReyesBLOG SALTO AL REVERSO

—Tengo que —dijo él.

—No tienes que. Es solo que quieres irte —dijo ella.

Él miró brevemente a su mujer, su semblante dolido, sus ojos llorosos. No sintió nada.

Luego sus ojos se desviaron hacia la vista panorámica. Era una tarde cálida y ruidosa. Los sonidos de los autos se escuchaban incluso desde la terraza abierta del décimo piso.

Pero él realmente no veía los techos de los edificios ni oía el tráfico de la ciudad. Quien dominaba su mente era ella. Ella, la que le decía día y noche: «Déjala. Vente conmigo. Déjalo todo».

—¿Por qué quieres irte? —siguió su mujer, exigiendo su atención.

Una pausa indecisa. Un suspiro cansado.

—Es ella. —Sintió cálido en el cuerpo el alivio de la confesión.

—¿Qué…? ¿Hay otra? —La voz entrecortada—. ¿Quién ella? ¿Quién es?

Y él, sin contestar, sentía cada vez más fuerte el fastidio de oír a su mujer, el supremo cansancio de la batalla, las ganas de ceder, el llamado de ella.

—Ella, ella. Ahí está —dijo señalando a un punto…

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Vainilla, café, vainilla


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Agua caliente.
Vainilla:
el color delicado transparentoso,
el aroma dulce.
Luego canela:
la consistencia turbia,
el cuerpo.
Más el azúcar
disolviéndose.
El perfume impera.
El vapor me llena.
Aspiro,
me envuelvo,
me calmo.
Luego el café,
que es la llama,
el golpe fuerte,
la orden decisiva
de vida.
Anda, mujer,
levántate.
Recupera el movimiento
y luego no caigas al sueño.
Ven por el café
y las especias.
El beso de buenos días
te espera.
El amor,
el trabajo,
el café,
la vainilla.