Asesinos abstractos


(Soñé que) querían matarme. Cuando entramos al estacionamiento, un coche se emparejó al nuestro y mi esposo me dijo: «Agáchate».

Los del auto rojo comenzaron a disparar, y yo permanecí agachada contra la puerta, ocultando mi cabeza de la ventanilla. Él trataba de agacharse también, pero seguía manejando.

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Medusa, el lobo y la bomba nuclear


(Soñé que) Debíamos luchar contra Medusa; ella se hacía  pasar por una mujer común y corriente, una profesora para ser exactos. Ella enseñaba en Hogwarts.

Precisamente una de las cosas que debía enseñarnos era cómo acabar con Medusa, pero por supuesto no lo había  hecho. Harry y yo nos dimos cuenta de su verdadera  identidad al mismo tiempo.

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Caja nuclear


Se estaban acercando. Nos avisaron mientras nos refugiábamos en improvisadas trincheras a un lado de un edificio derrumbado.

Los superiores decidieron atacar primero.

Mi esposo y yo seríamos los encargados. Nos ordenaron armar la bomba. Era un pequeño artefacto nuclear que cabía en una caja. Tuve que colocar los explosivos junto con varias piedras cuya función era evitar que explotara inmediatamente.

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Amuleto


Había ido a un mercado a comprar un amuleto a un amigo que era dueño del puesto. Tras buscar un rato, lo hallé: Una cadena de chaquiras azules.

Él tuvo que irse y me dejó sola con una anciana y un chico. Entonces, el cielo comenzó a cerrarse mientras se acercaba una gran tormenta.

Yo tuve miedo porque no sabía cómo regresar a casa. Nos subimos todos a un camión, y en él había un niño.

El niño no sabía que estaba muerto, al igual que yo y mis acompañantes. «La única razón por la que puede vernos es porque está muerto como nosotros», le dije a la anciana, bajando la voz para que el pequeño no me oyera.

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Luz rosada, miedo olvidado


Elegí mi vestido para la fiesta de esa tarde. Era color rosa, con falda corta y floreado en la parte de arriba. Debajo de él, me puse lo que parecía un baby doll de la misma tela pero transparente.

Estaba en mi casa, era una especie de vecindad venida a más, con caminos franqueados por jardineras llenas de plantas, y en cada terminación, una casa de un solo piso. Yo vivía en una de ellas. Sola.

Cuando salí hacia a la calle, era la hora del atardecer. La luz tenía una cualidad rosada, como si estuviera mirándolo todo a través de ese pequeño cristal color ahumado con el que jugaba cuando era niña.

Atravecé la calle y llegué a la fiesta familiar. La gente estaba sentada en varias mesas. Mamá trajinaba con bandejas de comida y bebidas. Me pidió que la ayudará y lo hice, pero de repente me sucedió algo extraño…

No logro recordar qué fue lo que me molestó/asustó tanto, sólo sé que salí corriendo rumbo a mi casa. Crucé la calle corriendo lo más aprisa que pude. Entré en la vecindad y me perdí entre sus caminos y escaleras blancas. Subía y bajaba, entraba en un pasilllo y doblaba en otros.

Sentía pasos a mi espalda. Entre más me apresuraba por escapar, más miedo tenía. Más asustada estaba de los que me seguían, y de lo que había visto/sentido/oído allá atrás. Un miedo atroz, insoportable, que me consumía por entero.

Llegué a una escalera empinada, con decenas de escalones. No había otro camino y supe que sería imposible escapar de ellos a tiempo. Volteé para encarar a mis perseguidores.

Y sólo encontré frente a mí a dos personas que no me han hecho nunca daño. Él y su madre.

Y ellos preguntaron cuál era mi miedo. Recuerdo que se los expliqué, pero no puedo explicármelo a mí misma. Y ellos dijeron que no pasaba nada, que todo estaría bien. Y al final, todo está bien.

Sofía


Llevaba mis manos a mi vientre, tocaba un bulto y entonces recordaba que estaba embarazada… Percibía un color lila al hacerlo, y así supe que era una niña: Sofía Fernanda.

Pensé que pasaría mas tiempo antes de que tuviera que decírtelo, antes de que me topara contigo de frente,  antes de que tuvieras que verlo y yo tuviera que decirte su nombre…

Persecución y escondite (otra vez)


Estábamos en un viejo anfiteatro, rodeados de una veintena de personas. Todo parecía ir bien. Pero entonces ellos dijeron que eran hombres lobo, y que bastaba ver su cabello rojo encendido y sus adornos verdes para comprobarlo.

Yo no pensé que nos atacarían, pero él me tomó de la mano y me obligó a correr.

Corrimos fuera del anfiteatro y nos encontramos dentro de un estadio. Iba a dirigirme hacia la salida, donde había guardias y quizá una posibilidad mayor de huir, pero él subió por las gradas y yo lo seguí.

Subimos hasta llegar a los palcos. Abrí la puerta de uno y entré. Nos separamos.

Abrí puertas tras puertas, subí escaleras y más escaleras. Corría, en pánico, a través de baños, a través de cuartos. Hasta que llegué a una serie de departamentos.

Entré a un departamento, silenciosamente. Las paredes eran de madera y el sol iluminaba todo. Abrí puertas y clósets, en busca de un lugar donde ocultarme. Robé un vestido verde para poder cambiarme de ropa y no ser reconocida. Oí los pasos de la dueña de la casa y tuve que salir.

Iba a subir por una escalera, pero escuché pasos que bajaban. Me quedé petrificada. Una chica bajó, me miró y dijo: «Te están buscando en el piso de arriba».

Volví sobre mis pasos y corrí hacia al otro lado del pasillo, completamente asustada y abrí la primera puerta. Resultó ser una especie de oficina, con una hilera de baños a un costado. Estaba dispuesta a meterme en un bote de basura de ser necesario, con tal de que no me encontraran, pero no cabía en ninguno.

Vi un gran clóset, de pared y pared y de piso a techo. Subí, con trabajo, a la parte más alta y me hice espacio, quitando muñecas y ropa. Otras dos chicas estaban allí, también escondiéndose.

Traté de cubrirme con las mismas ropas para que los perseguidores no me vieran si es que abrían las puertas.

Cerré la puerta corrediza frente a nosotras y jalé con todas mis fuerzas de la puerta pequeña del lado derecho, que se seguía abriendo.

Rezaba con todas mis fuerzas para que no me encontraran, que no me encontraran por favor…