Cualquier separación, cualquier despedida
se vuelve irrevocable por más breve que sea.
Los ojos no miran de la misma manera,
las manos olvidan el tacto de manos ajenas.
Cualquier separación, cualquier despedida
se vuelve irrevocable por más breve que sea.
Los ojos no miran de la misma manera,
las manos olvidan el tacto de manos ajenas.
En cualquiera de sus ojos
veo reflejado mi fracaso,
en los de ella, en los de él,
en la forma en que soltaron mi mano.
Esta vez, esta vez
no puedo ocultármelo.
No tenía excusa
en aquel verano:
¿Qué dirá Celesta?
¿Qué dirá Alejandro?
¿Y qué dirá aquel
por quién más he intentado
a l g o?
¿Qué dirá desde su muerte
sobre mi supremo fallo?
…
Y ahora esos nuevos ojos,
los del fuego morado,
me lo señalan
con un monosílabo,
en un reproche velado.
Lo intenté, lo intenté;
fracasé, fracasé.
Esta vez
no puedo ocultármelo.
RODILLAS
Pese a las súplicas,
pese al terror,
hay manos
[rodillas]
que matan
por un sentimiento malsano
de superioridad,
por prejuicio racial.
Hay injustificadas
medidas,
brutales palizas
que acaban con vidas
sin razon, sin más.
La fuerza
excesiva,
la brutalidad
desmedida,
la tortura
policial
deben ser
castigadas,
si no aquí,
allá.
—
KNEES
Despite the pleads,
despite the terror,
there are hands
[or knees]
that take lifes
over a sick feeling
of racial hatred
or supremacy.
The excessive force,
the police brutality
should be punished
if not by our laws,
in the afterlife.
—
Poemas inspirados por la muerte de George Floyd, en Estados Unidos, y por los asesinatos de Giovanni López y el joven Alexander, en México, a manos de fuerzas policiales.
https://www.animalpolitico.com/2020/06/alexander-perfil-adolescente-futbolista-policias-mataron/
Comparto mi participación en la convocatoria de la revista Salto al reverso con el tema «aislamiento», con el poema «Último día».
Fotografía por Crissanta.
Recuerdo el último día,
el que viví sin pensar que lo era,
el de la vida «normal»,
el de la rutina y la prisa.
Despertar, desayunar,
correr de aquí para allá,
dejando cosas listas,
manejar,
compartir la ubicación
en el celular
(siempre es la misma ya).
Recuerdo llegar y saludar,
las sonrisas,
las mismas bromas compartidas,
la piezas de piano,
que mi maestra escogía,
sonando como un fondo a las voces
de nuestras risas
(y no distorsionadas
desde un mal auricular).
También los saludos
de aquellas que se iban,
y vestirse de prisa
alrededor de las demás.
«¿Cómo está tu hijo?».
«Salúdame a tu mamá».
Extraño de aquel día
moverme con libertad
saltar, preparar, girar,
grand battement a la segunda,
una pirueta en arabesque
(y no siempre passé, passé, passé).
Recuerdo volver a casa
siempre sintiendo tardanza,
correr, manejar, acelerar,
la llanta ponchada esa vez;
la…
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Conocer el mar…
Fotografía por Crissanta.
Conocer el mar,
descubrir su imperio,
es decir, su ascendente,
su dominio entero.
Oír el rugido
apaciguador
o amenazante.
Percibir el vasto azul
insondable.
Sentir el frío en el calor,
el encanto hipnotizador.
Conocer el mar,
descubrir lo inmenso,
lo vivo, lo antiguo,
lo eterno.
Are you sleeping?
Are you sleeping?
Dormez-vous?
¿Duermes tú?
¿Duermen ustedes?
¿Es que acaso alguien vela
mi descanso
y no, como siempre,
al contrario?
La fuerza sobrehumana
que me sostuvo
durante el paso de la muerte,
durante el trance de dar vida,
ha cesado.
Pero suenan las campanas,
tocan a rebato.
Llega el día
a la vez temido y esperado.
Ay de aquellas
que estén criando…
Más yo tengo escudo
alrededor de mí,
un alto refugio,
una fortaleza.
No temeré a diez millares de gente
que pusieren sitio contra mí.
Si todos duermen,
me mantendré despierta,
fija en la vela,
fija en la espera.
«Be with me»,
yo también exclamo.
Más no sé si la invocación
dará resultado.
Soy responsable de mí,
responsable de todos,
no hay descanso.
¿Acaso ellos velan por mí?
¿O es al contrario?
«Be with me».
La llama en la madrugada.
«Be with me».
Los llamo en la madrugada.
Pero si, por piedad,
atendieran mi llamado:
solo pido
pasar este trago
sin abatimiento,
sin amargura
sin tanto daño.