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Acerca de Carla Paola Reyes

Editora general de Editorial Salto al reverso. Mi objetivo es fomentar mi crecimiento profesional y personal impulsando a escritores y artistas para que publiquen sus propios libros. Soy editora general de la Editorial Salto al reverso, que publica obras de poesía, relato y artes plásticas en inglés y en español.

Bufanda


bufanda

Imagen: Crissanta

LA CONTINUACIÓN DE LA VIDA I

 

Ahí terminaba el sendero,
al pie de la casa en fuego.
No luz más allá,
no nada.

Solo quedó en pie un pilar.
En él até la bufanda.

La dejé agitarse al viento,
probándola.

«There is no one to call now».
Noche,
soledad odiada.

Allí terminaba el sendero.
Aguardé por mi señal.

«Hola, nada.
Adiós, aliento».

«¿Hola, nada?
¿Adiós, aliento?».

Mi video para Salto al reverso


Como parte de los esfuerzos para llevar la revista Salto al reverso a formato impreso, pedimos a nuestros autores grabarse diciendo un par de frases de nuestra identidad. Recibimos videos de 20 autores de diversos países. Para mí fue una gran emoción oír sus acentos y ver sus rostros, que en la mayoría de los casos no conocía.

Estamos en proceso de editar el video completo que será mostrado en nuestra próxima campaña de crowdfunding. En breve podrán verlo. Más información sobre Salto al reverso y este proceso aquí.

Como adelanto, les comparto mi propio video de frases:

Escena en dorados


EXT. ANFITEATRO DERRUIDO. LUZ DORADA

Música en la mente
hace eco en las paredes.
Figura femenina se pasea
por el centro de la arena.

Alza la voz
hacia la audiencia
imaginaria,
inexistente.

¿Dónde se hospeda
la violencia?
¿Dónde habita
luego de que sale
de la gente?

Cuando no puede volver al origen,
se aloja en la mente
de quien no comprende.

Como la música
recorre incesante
la psique,
así las imágenes
se reproducen
en un círculo constante
y creciente.

Porque cada suceso
trae consigo
una amenaza.

Cada acción en defensa,
una represalia tácita.

Y ya no se distingue
qué es verdad
y qué miente.

¿Qué es debilidad,
denunciar ante esta audiencia?

¿Qué es cobardía,
afrontar la escena
aunque nadie más la vea?

Figura femenina pausa,
levanta la vista:
miradas blancas
de falsos oyentes.

Figura femenina, quieta,
observa las gradas:
pulgares abajo muestran
las manos que se alzan.

¿El que pide crueldad
acaso ha rogado por piedad,
frente contra el piso?

¿El que pide no parar
hasta ver sangre
alguna vez ha tratado
de desangrarse a sí mismo?

¿El que pide perseguir
hasta el final
ha temido cada día
—de su vida—
el acecho del enemigo?

Figura femenina, en cuclillas,
traza letras en la tierra.

¿Que no conocen la historia
de la pecadora y la piedra?

Figura masculina aparece
en el centro de la arena.
Dobla una rodilla.
Observa, irreverente.

Identidad cualquiera,
universal, indiferente.

¿Acaso es cobardía
encarar a esta figura,
acusarla ante la audiencia,
afrontar el escenario?

¿Acaso esto es ojo por ojo,
diente por diente

o

es misericordia
completamente indulgente?

¿O es mitad de camino?
¿Quién es ahora la víctima?
¿Quién es el victimario?

Figura masculina calla,
desafío en la mirada.
Figura femenina traduce,
voz alterada.

¿Fue todo por mi bien?
¿Eres justo, bueno, amable?
¿Confías tu vida en ello?
¿Crees que eso va a salvarte?

¿Fue siempre por amor?
¿Se sentía incontrolable?
¿Fue solo un error,
nada que sea irreparable?

Figura femenina tiembla.
Con un gesto desvanece
gradas, jurado,
audiencia,
anfiteatro, manos,
pulgares.

Figura femenina habla,
enronquecida de rabia.

¿Acaso me corresponde
el juicio,
la condena,
el azote?

Mira las letras trazadas,
mira el pacto
y quién lo cumple.

¿Para quién es el perdón?
Para aquel que sufre.
¿Para quien, la clemencia?
Para aquel que colapsa.

¿Y quién muere de asfixia,
el que cae o el que ataca?

¿Para quién es la piedad?
¿A quién de los dos sana?

¿Para quién es el perdón?
¿A quién de los dos salva?

¿Cuánto estamos dispuestos a dar
a cambio de la paz?
¿Cuánto, a cambio de librar
el juicio,
el de verdad?

Figura femenina se acerca.
Figura masculina, quieta.

Siente mi piel ahora:
mi dedo contra tu cabeza.
Arrodíllate más,
recuerda el daño.

– – –

Siente mi alma ahora,
mi mano sobre tu cabeza.
Levántate en paz.
Intenta lo imposible:
repara el daño.

FUNDIDO A DORADOS

Peso muerto


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Tu peso muerto,
grabado en la piedra.
Tu pecho hundido
que no volverá a respirar.

El pie inmóvil que cuelga,
la mano inerte.

Los dedos entre la tela
de la mano que te sostiene.

Tu nariz sin aire,
tu rostro rígido
petrificado en el gesto final.

¿Cómo alguien plasma
la inhalación que no volverá,
los pulmones que no se henchirán?

¿Cómo alguien esculpe
un pie que se quiere besar?

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Fotografías tomadas en la exposición Miguel Ángel Buonarroti, un artista entre dos mundos (Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, septiembre de 2015).

Acompaño esta entrada con una galería de imágenes de esta muestra aquí: ‘Miguel Ángel Buonarroti, un artista entre dos mundos’.

Conceptos (sueño)


Huí toda la noche. Por fin fui experta en atravesar ventanas entreabiertas, en deslizarme entre puertas entrecerradas.

En un punto subí la escalera de un rascacielos lujoso sobre una ciudad conocida. La gente con vestidos elegantes y portafolios brillantes conversaba animada. Los escalones eran totalmente transparentes, de extremo a extremo. Yo sentía que ascendía sobre el vacío. Corría sobre la nada, sobre calles y gente, sobre aire.

En la azotea, trataron de arrodillarnos y hacernos orar mirando en la dirección correcta, la que siempre dicen que hay que mirar cuando se reza. Pero yo corrí. Corrí pese a las armas apuntadas a mi cabeza.

Cuando llegué al juicio final, fui una simple espectadora de la escena. Los enviados separaban a unos de otros. Los que sí de los que no se salvarían. Un par de almas buscaban aún a Dios. Me enfoqué en ellas. En medio de los gritos, solo las vi a ellas. Alzaban sus manos y sus corazones, escudriñaban con ojos inútiles. Mas lo encontraron y se les abrió una puerta. Salieron del caos, escaparon a la condena.

Cuando llegué por fin a casa, no fue lo que esperaba. Metí la llave a la cerradura. Alguien bloqueó la entrada desde el otro lado. Oí mi propia voz preguntando quién era. Vi mi propio rostro cuando se entreabrió la puerta. Nos miramos las dos, la misma. Pero era una época distinta. Supe ahí que el tiempo es un engaño, que lo que se cree lineal no lo es, ya ha pasado. Es un círculo o una espiral o una forma que no me explico. Todo lo que es ya ha pasado.

El bien y el mal me parecieron martillos; y yo estaba aprendiendo a discernir cuando golpeaban. Deseaba: si pudiera dormir más podría descifrarlo, si pudiera seguir podría descifrarlo.