Verde, paja, cenizas


Las manos que se tienden
hacia adelante
—la neblina—
todo es verde
verde amargo,
verde ceniza.

En ese rincón del bosque,
el santuario
construye un puente,
un muro falso.

Tras él, puedes oírme
murmurando,
sollozando,

comer las flores,
morder lo amargo
para no morder tu mano.

Ya sé, sientes el frío,
el ligero viento húmedo
de invierno congelado.
Y no hay llamas;
yo solo fabrico
fuego morado.

Sí, la sangre,
Sí, las amenazas.
Las manos tendidas
que no llegan a nada,
nadie las tolera,
nadie soporta
entrando en sus oídos
el crescendo odiado.

Fireflies


PERLA EN EL BOSQUE

Lying on the grass,
staring up to
las copas de los árboles
cubriendo, cuestionando,
rodeando
mi cuerpo caído
—por fin—
a las orillas
del bosque amado,
odiado.

Bocaarriba,
inmóvil,
a punto de sumirme en
la parálisis,
buscando el cielo
sin cerrar los ojos,
sin caer adentro.

Los ojos morados, negros,
azules, dorados,
cambiando de color
con cada movimiento
violento
de las convulsiones.

«Where am I?»

«Living on the limits.»

«Dying, perhaps?»

Las heridas no las sentía
hasta el segundo
in which I saw a light.

Was there a…
firefly?

Then I saw the blood
flowing from my left arm,
leaving a carmine puddle
all over the grass.

Then I saw the purple light
flowing from my right arm
leaving the ground,
flying towards the fireflies.

And I felt the leylines
que se dibujaban
una vez más;
growing back
sobre mi piel,
con magia morada
sobre la carne lacerada
en mi muñeca.

Y las luciérnagas
copiaron el diseño
que mi piel sangró
cientos de veces atrás.

Finally, clear in the sky:
the map.
Supe dónde buscar
mi casa, mi hogar,
mi refugio
final.

Arroyo


El ascendente de un astro
nunca antes identificado;
su resplandecimiento es un comando
para salir al camino deshabitado.

Una voz grave
atraviesa la neblina,
tantea entre el silencio
una respiración perdida.

Una voz profunda
conjura la neblina,
sobre la oyente silente,
cuando despunta el día.

Y la niebla condensa en hielo.

Y sobreviene
la cencellada,
blanca, dura,
despiadada.



Siguiendo pasos sobre hojarasca,
persigue un rastro en el sendero,
siente un peso sobre el cuerpo
en leve ascenso oscuro y fiero:
es el fuego que derrite el hielo.

Entonces arriba, en la montaña,
coronada de niebla congelada,
surge el torrente del deshielo:
la consecuencia, la avalancha.

Y crea el arroyo que ataca / agrede
que perfusiona / permea
cada extremidad, cada cuerda
cada movimiento de la mente.

Sobre el lecho
del arroyo
ella observa y calla
se inmoviliza,
se baña,
se daña.

Y Kais observa.
Y Kais juzga y golpea
desde el trono de la pseudoomnipresencia.

Pero ella se apodera de cada cuerpo,
de cada cauce de su elemento:
océano, río, arroyo, lago,
siempre en desborde,
siempre en suspenso.

Malva


Lo diré de nuevo:
no espero nada.
Un extra, el mañana;
no lo anticipaba.

Salí del negro al gris,
quizá se pintará ámbar.

Se pintó malva,
ámbar,
colores primarios,
brillantes,
complementarios,
y también tenues,
pasteles,
azulados.

I have watched the dawn,
the dusk,
atardeceres callados.

Aroma a nube,
a sol amarillo,
a color negro.
Olor a bosque,
a mi refugio atesorado,
a hielo;
sonido de agua corriendo.

Brillante blanco,
solo mío.

«Te amo»


Avatar de Carla Paola ReyesBLOG SALTO AL REVERSO

En el último momento del día,
en el postrer esfuerzo
que me demandas.

Derrotada. En el piso
por enésima vez
en la jornada,
a punto de perder
la batalla.

Pero me abrazas.
Algo se enciende
en tu mente
y te me abalanzas,
haciendo el sonido
de siempre:
—Uhhhh, mama.

—Sí, te amo
—digo, como siempre,
conquistada.

—… a-mo.

(¿¡!?)
Las campanas de la vida
suenan en cascada.

—Te amo.
—A-mo.

Tu carita de triunfo
ante la nueva palabra.

Yo, a punto de estallar
en lágrimas.

—Te amo.
Te… a-mo.

Ponerle un vocablo
al sentimiento
transmitido,
percibido
desde el vientre,
desde mi alma
hasta tu alma.

Tu cabezota
adorada
que se recarga
en mi hombro,
abandonada.

Tu voz diminuta
en mi oído
diciendo esas palabras.

—Te amo.

Victoria personal,
transmisión de amor
y enseñanza;
hay personas
que jamás aprenden
a decir esas palabras.

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