Publicado originalmente en Marimarus
Estoy en guerra
pero nadie lo sabe
y a nadie importa
mientras todo esté bien.
Mientras parezca estar bien.
Mientras parezca ser yo
y no esa maraña oscura
de desventuras
que a nadie le gusta. Sigue leyendo
Publicado originalmente en Marimarus
Estoy en guerra
pero nadie lo sabe
y a nadie importa
mientras todo esté bien.
Mientras parezca estar bien.
Mientras parezca ser yo
y no esa maraña oscura
de desventuras
que a nadie le gusta. Sigue leyendo
Allá te quiero, te lo prometo:
más allá de las cosas y los objetos,
donde sea una playa, donde no haya nada,
después de la gente, cuando te hayas ido,
luego del presente, aunque hayas huido,
después de la vida
y aún cuando la muerte
nos haya redimido.
Allá te quiero, te lo prometo.
Allá te quiero, te lo prometo. Sigue leyendo
Frágil talismán
se rompe
como rompen mis sueños, como olas,
a la mañana,
como romperá el alma luego,
el día en que te vayas. Sigue leyendo
Publicado originalmente en Marimarus
No tu mirada que danza,
siempre ajena
a mis palabras,
desde mi cadera
desnuda
hasta mi cara.
No tus manos
trazando signos
que no borran
sobre mi espalda,
creciendo alas
imaginarias. Sigue leyendo
Publicado originalmente en Marimarus
Ella acudió a la cita, puntual.
Él se retrasaba.
Se pasó los dedos por el cabello,
nerviosa,
mientras la espera duraba.
A voluntad, dejó de mirar hacia afuera.
Y así, no lo vio cuando entró en escena,
a prisa,
con el semblante más que serio,
helado.
Cuando él llegó,
el sol de la tarde se volvió invierno.
Y las manos temblaban,
las de ambos.
Pero no se tocaron.
Él dejó que ella se explicara.
Ella habló seria, pero risueña,
con palabras ligeras, pero asustada.
Y entonces,
el invierno vespertino se volvió nevada. Sigue leyendo
Como vampiros que persiguen a la víctima,
siguieron esa noche y todas
al alma perdida, los sueños.
Envueltos en nocturna oscuridad velada,
se evaden y muerden al ser inconsciente que duerme,
perdido en su lecho, ausente.
Malditas las horas del sueño que azotan al alma,
acorralada siempre por la pesadilla embravecida.
La sangre que corre en las venas se queda helada,
al tiempo del súbito despertar desde el infierno.
El alma vuelve al cuerpo después del ataque,
las sombras huyen al alba
y la respiración se calma.
Los sueños, negros tormentos,
se marchan aprisa antes de que asome, limpia, la mañana.
Ha vuelto a empezar el día,
la vida aún renace.
La paz viene en vigilia.
Desaparecen a la luz,
los vampiros y los sueños.

En un susurro, mi voz
queda devorada.
En un silencio, mi queja
queda acallada.
En una renuncia, mi fe,
casi aplastada.
Y no sé
qué ver…