Avatar de Carla Paola ReyesArte y denuncia

Hay cosas que piensas
y no las dices a nadie
porque no tienes a nadie,
o al menos eso piensas.

Pasan como flechas oscuras
que lastiman, que asustan,
que confunden,
que avergüenzan.

Pensamientos turbios
o afilados como cuchillos,
desoladores o confusos,
violentos como estallido.

Sueñas golpear, atacar,
destruir al mundo.
Deseas herir, terminar,
destruir tu mundo.

Y luego irrumpe el mismo mundo
—la cotidianidad, el absurdo—
y tú finges y sigues
en ese aislamiento mudo.

A veces tratas de romper el muro:
sacas a flote
algún pensamiento oscuro.
Y recibes a cambio
el miedo en sus ojos,
la extrañeza en sus hombros,
la incomprensión a todo.

¿No has pensado que el problema no es tuyo,
sino de aquellos que no saben ver lo profundo?

Y entonces
el silencio
atrapado
se vuelca
en ira
y en caos.

¿De dónde viene esa violencia?
¿Quién la puso y desde cuándo?
¿Estás seguro de…

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Indoblegable


Soy yo:
la fuerza detrás del silencio,
el eje,
la vía,
la fortaleza
—la que posees
y donde te refugias
y te llenas de alma—,
la proyección irrefrenable de proezas,
tu cualidad de indoblegable,
flecha de ballesta,
cetro,
bastón,
melodía,
poema.

Yo soy la esencia de lo indisoluble,
lo que viene de ti
desde antes de la siembra,
la maestría de la supervivencia
y ahora el gozo de la existencia.

Férrea,
etérea,
marina,
aérea,
terrena.

Mágica,
básica,
llana,
el disparo de energía,
el orden en el caos,
el calor que da vida,
el fuego y el agua,
la luz diamantina.

Fuerza, indoblegable vida.
Fuerza, fortaleza mía.

*Esto solo va a pasar una vez
el día en que yo te acepte,
pero voy a sonreír así
siempre*

Kais


Pensé en escapar de ti y corrí hacia el agua.
El mar estaba atrapado entre muros de piedras
y yo me lancé hacia esa especie de alberca.

Creí que estaría más segura allí.
Después de todo, el agua era mía,
era más mi elemento que el tuyo, Kais.

¿Quién te envió a matarme? ¿Dai?
¿Quién puso en tu mano el arma?
Yo sabía que no solo escapaba de ti.

Huí de ti, mi asesino.
Me refugié en el agua.
Me adentré en las olas
con la esperanza
de confundirme entre la espuma
para que no me hallaras.

Traté de permanecer inmóvil,
sin respiración, sin habla.
Pero mi existencia daba señales involuntarias.
Mi vida latía y sonaba.
Ni siquiera el miedo podía callarla.

Escuchaste el ruido, Kais.
Preparaste la matanza,
el kaoi,
la puñalada,
mi condena a la ‘nada’.
(…)

Love in hate


Obscurity, nothingness.
Just you and me,
and, oh, you have command
over me,
over it all.

Did you know what you hurt?
Did I
when I also tried?

It was the center
of me, of it all,
what you ask to break,
but you only lacerate.

A little death,
a desired end.
To blow out the candle
and obliterate.

Who’s gonna carry out that threat?
If it wasn’t you,
it is me then.

It’s the darkest connection
I’ve ever felt.
The house in black,
the pain in red.

It was love in reverse,
in denial, in hate.

Habrá un viento


Habrá un viento
que vendrá,
que tú creerás escalera
y no lo será.

Habrá un momento
tras el derroche
en que todo cesará.

El tiempo habrá sido
tus manos.
El aire, dagas de plata
para respirar.
Y el deshoje
de ese viento malsano
traerá
pequeñas gotas de sangre
para limpiar.

¿No pasó la helada?
¿Qué no fue el torrente?
Era agua de sal.

Las uñas cual garras
en mi frente,
en mi brazo,
en mi vientre.
No sé diferenciar.

Él dijo: «Te saqué de casa,
te libré del arma
y aún quieres dudar».

Habrá una calma
que será montaña
y no la verás.

Y habrá un silencio
luego del infierno
y no entenderás.

¿Qué no fue la ráfaga,
el azul ardiendo, el verde muriendo?
¿Era la verdad?

Y el miedo habrá sido tu abrazo.
La noche, conteo de veranos.
Y el destroce
de ese viento cereza
traerá
la desolación perpetua
que no callará.

Fotografía: Crissanta

«Amanecer, niebla», por Crissanta.