Publicado originalmente en Marimarus
Estoy en guerra
pero nadie lo sabe
y a nadie importa
mientras todo esté bien.
Mientras parezca estar bien.
Mientras parezca ser yo
y no esa maraña oscura
de desventuras
que a nadie le gusta. Sigue leyendo
Publicado originalmente en Marimarus
Estoy en guerra
pero nadie lo sabe
y a nadie importa
mientras todo esté bien.
Mientras parezca estar bien.
Mientras parezca ser yo
y no esa maraña oscura
de desventuras
que a nadie le gusta. Sigue leyendo
Allá te quiero, te lo prometo:
más allá de las cosas y los objetos,
donde sea una playa, donde no haya nada,
después de la gente, cuando te hayas ido,
luego del presente, aunque hayas huido,
después de la vida
y aún cuando la muerte
nos haya redimido.
Allá te quiero, te lo prometo.
Allá te quiero, te lo prometo. Sigue leyendo
(Soñé que) rezaba frente a un altar frenéticamente:
—¡Dios mío, sálvanos! ¡Dios mío, ayúdame! —repetía una y otra vez.
La oscuridad era interrumpida por los rayos y los truenos resonaban en la tormenta. Y yo seguía rezando como poseída.
Al final, cuando no había ni un indicio de luz entre las tinieblas, salí a la calle. Supe que era el momento de Sigue leyendo
Frágil talismán
se rompe
como rompen mis sueños, como olas,
a la mañana,
como romperá el alma luego,
el día en que te vayas. Sigue leyendo
Revisando viejos papeles, encontré esta mezcla entre relato y sueño, escrito hace 10 años para una página de cuentos ya desaparecida llamada PH Cuentos (saludos, Prudencio Hernández). Creo que aún aplica para un diario de sueños como éste.
Sí, es cierto que rezaba sin respuesta cada noche y también es cierto que dormía arrinconada en la orilla de la cama, esperando en vano a que él llegara. Así es que esa mañana no esperaba encontrar nada distinto, sólo lo de siempre: un silencio divino y el vacío en mi cama.
Pero no. Abrí los ojos y allí estaba él, acostado junto a mí. Sigue leyendo
Publicado originalmente en Marimarus
No tu mirada que danza,
siempre ajena
a mis palabras,
desde mi cadera
desnuda
hasta mi cara.
No tus manos
trazando signos
que no borran
sobre mi espalda,
creciendo alas
imaginarias. Sigue leyendo
(Soñé) Mi pesadilla más fea en mucho tiempo.
El lugar en que estaba no era mi casa. Me habían dejado allí a cargo de un hombre al que yo temía; se suponía él iba a enseñarme algo, algún oficio.
Yo tenía un cuarto, no era propiamente una habitación, sino un espacio para estudiar o para trabajar. Todos los muros tenían ventanas corridas en la parte superior. Y desde ahí, yo lo veía, vigilándome: alto, fornido, de piel negra.
Me llamó para que fuera con él hacia otra parte del edificio. Atravesamos un patio y entramos en otros cuartos de paredes con ventanas. Había una mujer allí, era rubia, tendría unos 40 años. Yo no la conocía.
La hizo sentarse en el piso. Y entonces el hombre tomó una navaja de rasurar y le cortó la garganta. Así, sin advertencia alguna. Sigue leyendo