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Acerca de Carla Paola Reyes

Editora general de Editorial Salto al reverso. Mi objetivo es fomentar mi crecimiento profesional y personal impulsando a escritores y artistas para que publiquen sus propios libros. Soy editora general de la Editorial Salto al reverso, que publica obras de poesía, relato y artes plásticas en inglés y en español.

Allá te quiero (poesía)


Allá te quiero, te lo prometo:
más allá de las cosas y los objetos,
donde sea una playa, donde no haya nada,
después de la gente, cuando te hayas ido,
luego del presente, aunque hayas huido,
después de la vida
y aún cuando la muerte
nos haya redimido.
Allá te quiero, te lo prometo.
Allá te quiero, te lo prometo. Sigue leyendo

Un rezo desesperado (sueño)


(Soñé que) rezaba frente a un altar frenéticamente:

—¡Dios mío, sálvanos! ¡Dios mío, ayúdame! —repetía una y otra vez.

La oscuridad era interrumpida por los rayos y los truenos resonaban en la tormenta. Y yo seguía rezando como poseída.

Al final, cuando no había ni un indicio de luz entre las tinieblas, salí a la calle. Supe que era el momento de Sigue leyendo

Viaje (relato y sueño)


Revisando viejos papeles, encontré esta mezcla entre relato y sueño, escrito hace 10 años para una página de cuentos ya desaparecida llamada PH Cuentos (saludos, ‏Prudencio Hernández). Creo que aún aplica para un diario de sueños como éste.

Viaje

Sí, es cierto que rezaba sin respuesta cada noche y también es cierto que dormía arrinconada en la orilla de la cama, esperando en vano a que él llegara. Así es que esa mañana no esperaba encontrar nada distinto, sólo lo de siempre: un silencio divino y el vacío en mi cama.
Pero no. Abrí los ojos y allí estaba él, acostado junto a mí. Sigue leyendo

Matar (sueño)


cuchillo sangre(Soñé) Mi pesadilla más fea en mucho tiempo.

El lugar en que estaba no era mi casa. Me habían dejado allí a cargo de un hombre al que yo temía; se suponía él iba a enseñarme algo, algún oficio.

Yo tenía un cuarto, no era propiamente una habitación, sino un espacio para estudiar o para trabajar. Todos los muros tenían ventanas corridas en la parte superior. Y desde ahí, yo lo veía, vigilándome: alto, fornido, de piel negra.

Me llamó para que fuera con él hacia otra parte del edificio. Atravesamos un patio y entramos en otros cuartos de paredes con ventanas. Había una mujer allí, era rubia, tendría unos 40 años. Yo no la conocía.

La hizo sentarse en el piso. Y entonces el hombre tomó una navaja de rasurar y le cortó la garganta. Así, sin advertencia alguna. Sigue leyendo