Sangre en el estudio de ballet


(Soñé que) habían matado a alguien en el estudio de ballet. Yo practicaba giros en la diagonal del salón y mis zapatillas se llenaban de sangre a cada paso.

Los asesinos estaban en una esquina, hablando.

—Al menos limpien la sangre —les dije.

Ellos discutían qué hacer con el cuerpo.

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Asesinos abstractos


(Soñé que) querían matarme. Cuando entramos al estacionamiento, un coche se emparejó al nuestro y mi esposo me dijo: «Agáchate».

Los del auto rojo comenzaron a disparar, y yo permanecí agachada contra la puerta, ocultando mi cabeza de la ventanilla. Él trataba de agacharse también, pero seguía manejando.

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Nena


(Soñé que) miraba hacia abajo desde un balcón sin rejas. Estaba acostada bocabajo sobre el piso, y mi cabeza colgaba hacia el abismo de un par de pisos. La gravedad hacia colgar mi cabello claro y largo frente a mis ojos. Lo peiné entre mis dedos, y por un momento eso me dio la señal de que estaba en medio de un sueño (en la vigilia, mi cabello  luce igual de corto que el de un chico). O tal vez esto era el futuro, pensé.

Mientras miraba hacia el balcón del piso de abajo y hacia el pasto que creía en la banqueta, sentía nostalgia. Pensaba en el hombre que debía visitarme esa tarde y cuyo retraso me hacía sumirme en la añoranza. Una añoranza que cargaba desde mi infancia, una larga añoranza de él, que yo sabía que no terminaría jamás, ni siquiera si eventualmente aparecía esa tarde en mi casa.

Abandoné la esperanza tras un rato y me puse de pie. Cuando volteé hacia la habitación que tenía a mis espaldas, vi dos figuras descansando en la cama: Mi madre y mi hija (…)

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Medusa, el lobo y la bomba nuclear


(Soñé que) Debíamos luchar contra Medusa; ella se hacía  pasar por una mujer común y corriente, una profesora para ser exactos. Ella enseñaba en Hogwarts.

Precisamente una de las cosas que debía enseñarnos era cómo acabar con Medusa, pero por supuesto no lo había  hecho. Harry y yo nos dimos cuenta de su verdadera  identidad al mismo tiempo.

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Amuleto


Había ido a un mercado a comprar un amuleto a un amigo que era dueño del puesto. Tras buscar un rato, lo hallé: Una cadena de chaquiras azules.

Él tuvo que irse y me dejó sola con una anciana y un chico. Entonces, el cielo comenzó a cerrarse mientras se acercaba una gran tormenta.

Yo tuve miedo porque no sabía cómo regresar a casa. Nos subimos todos a un camión, y en él había un niño.

El niño no sabía que estaba muerto, al igual que yo y mis acompañantes. «La única razón por la que puede vernos es porque está muerto como nosotros», le dije a la anciana, bajando la voz para que el pequeño no me oyera.

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