Flor infinita


«Flor de loto», por Crissanta

Desde el principio era ella,
en el silencio y la oscuridad,
en el aislamiento,
donde la vida germina
ajena al resto.

Y al principio, ella
absorbió de la tierra
lo que le proveía,
sin discriminar.

Y un día asomó
al aire,
a la caricia del sol,
a la energía.

Y por esfuerzo de vida
de la savia que corría,
arrojó una hojita
y luego dos.

Y su tallo era frágil y delgado.
Y había días de escampado
en que la arrasaba el calor,
la torturaba la sed.
Y sin la lluvia, su rocío
dejó de verter.

Y nada la protegía
del cambio de clima.

Una vez el sol se escondió
durante días.
La falta de luz la turbó,
el sonido del aire la alertó.
Y vino el viento
y arrancó sus dos hojitas.

Se sintió mutilada,
muerta, acabada.
Y su vida se adormeció.

Pero seguía siendo ella.
La fuerza de vida
volvió a generarse
en el mismo aislamiento
del que surgió.

Se recluyó
a juntar energías,
a reparar el daño.
Se refugió.

Pero el sol seguía llamando
y la lluvia esperando
cuando ella revivió.
Estiró su alma a la luz
y el agua la acarició.

Reverdecida y limpia,
emergió
renació,
revegetó.

Numerosas hojas
poblaron sus ramas
y se llenó de sol.

A veces aún temía
al calor despiadado,
a la sed de sequía,
al rocío ausente
y al viento de muerte.

Pero su tallo era fuerte,
sus hojas, cuantiosas,
su savia, un caudal.
Grande y hermosa,
pura y dichosa,
nada la volverá a dañar.

Y de su cima
surgió entonces
la flor infinita,
la que no tiene final.

de pétalos morados
que nunca mueren,
de pétalos amados
que siempre florecen,
de vida hecha
para la eternidad.

Lava


¿En dónde estaban las cosas
que se tornaron negras?
Del rocío gotearon
como pequeña lava
a la mañana.

¿Antes dónde habitaban?
En un par de senderos
que nadie miró
sino yo.
En un par de salidas
ahora cerradas,
disueltas en lava
y en dolor.

Observo porque es el arma,
pero la niebla pesada
ahoga
en vapor.

¿En dónde estaban las cosas
que se tornaron lava?
Cuando yo odiaba
las paredes se pintaron
de lluvia y anaranjado,
de llanto y de reclamos,
y nadie miró.

Cuando yo amaba
las cosas se disolvieron
en prodigios adorados
y laberintos abandonados
y nadie volvió.

Rise


LA CONTINUACIÓN DE LA VIDA V

Bosque, noche rojiza,
asedio insidioso
from the wolf.

Todas las alertas
sonando sin voz.

Compás de espera,
acorralada,
hincada.

«Should I let
myself go?»
«Should I let it
take my soul?»
«Should I get this finally done?»

I attempted one last call
to Him, who denied me before.

Tendí el alma
en confianza,
en entrega,
humillada,
y murmuré La plegaria.
Then God…

concedió:

He gave me a silver arrow
(but not a bow),
He turned my words
into a sword,
and above all:
He shut Morana up.

Silence in my head,
arms at my range.
Vi al lobo a los ojos
and then came the rage.

Risa alocada,
lengua navaja.
Quise su sangre
en cascada.

With one hand
I firmly held the arrow.
And with the other one
me envolví en un halo.

And as I rose,
he was coming down.

Such was his hunger
que no sintió la herida:
la flecha, la cuchilla.

And as I rose
él moría.
And as he died
yo volvía.

Y el bosque calló
y se pintó de siena.

Todo silencio
y maleza.

DIBUJO POR CRISSANTA.

 

Lapislázuli


No es mi corazón,
pero se le asemeja.
Es azul como el mar
de nubes que surcamos
por el cielo morado.

Es el cobalto del océano
cuando navegamos.
Es una fracción de la belleza,
un destello de la pureza,
un regalo, una promesa.

Es mi brillo de luna,
el complemento del anaranjado,
un lapislázuli de tiempos lejanos.

Catira


Catira,
pelito corto,
color dorado,
miel,
ojos lilas,
casi azulados.

Está bien,
haré un perdón multitudinario.
No tocaré a nadie
con la flecha de mi arco.

En especial no a él.

No mataré
a tu protector
ni a sus cuidados.

Veremos qué hacer…

Ópalo


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Ópalo.
Ella,
negros los ojos,
belleza.

El cabello,
en látigo,
en bandera,
cuando cayó
muerta
la vez primera.

Ópalo.
Mis secretas creencias.
Nos hemos mirado
antes
ella vidente, yo ciega.

 

IMAGEN: OPAL (DETALLE), POR CRISSANTA, DERIVADA DE OPAL, POR jimthompson (CC BY).

 


Arte y denuncia

Hay cosas que piensas
y no las dices a nadie
porque no tienes a nadie,
o al menos eso piensas.

Pasan como flechas oscuras
que lastiman, que asustan,
que confunden,
que avergüenzan.

Pensamientos turbios
o afilados como cuchillos,
desoladores o confusos,
violentos como estallido.

Sueñas golpear, atacar,
destruir al mundo.
Deseas herir, terminar,
destruir tu mundo.

Y luego irrumpe el mismo mundo
—la cotidianidad, el absurdo—
y tú finges y sigues
en ese aislamiento mudo.

A veces tratas de romper el muro:
sacas a flote
algún pensamiento oscuro.
Y recibes a cambio
el miedo en sus ojos,
la extrañeza en sus hombros,
la incomprensión a todo.

¿No has pensado que el problema no es tuyo,
sino de aquellos que no saben ver lo profundo?

Y entonces
el silencio
atrapado
se vuelca
en ira
y en caos.

¿De dónde viene esa violencia?
¿Quién la puso y desde cuándo?
¿Estás seguro de…

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