Río


 

PERLA EN EL BOSQUE IV


Fotografía: «The Same River», derivada de «Cascade River» de Josh Hild (Unsplash).

 

Me ha parecido cruel
usar el agua en contra mía;
mi elemento, mi ser.

No había entendido
que el océano dentro
no era mío.

No había entendido
que el río…

… que el río
alimentaba el estanque
que subía hasta ahogarme.

No había comprendido
por qué era interminable
el mar eterno, renovable,
el ahogo incesante.

Estaba de pie a mitad del bosque,
respondiendo una pregunta
que sí/no ameritaba respuesta,
como no ameritaban preguntas
—ni antes ni nunca—
todas mis entregas.

Pero siempre las había:
la explicación,
la justificación,
la desaprobación,
la vergüenza.

Los «por qués» y los «acaso…»,
∴, el dolor desde la garganta
hasta el sitio de la espada.

Estaba de pie y caí de rodillas;
el río inundó el bosque
y se bifurcó en dos vías:
hacia un lago congelado
y hacia un delta ajardinado.

Y un sol dorado
arrojó una claridad cobriza
sobre la desembocadura.
que se dividía.

El calor bronceado
evaporó el agua-arma,
el ataque, el desmayo,
el ahogo avergonzado.

Y entonces vi que se abría
un pequeño sendero de florecillas.

(M) Correr (sueño)


Correr. No de ellos, sino conmigo.

Había salido de la habitación del interrogatorio, donde todo era justificarse. «¿Por qué has sentido lo que has sentido?», «¿por qué has hecho lo que has decidido?». Un hombre jamás tuvo que dar explicaciones de ese tipo. Mesas llenas de interrogadores; mujeres que rezan, que lloran, que se enojan, que reclaman.

—Carla, ¿a dónde vas?

Y eché a correr hacia el estadio. Sentir la lujuria observando mis pasos, y cómo todo lo observable parece ser eso…

No me importó nada. Entré desde la calle hacia las gradas. Subí hasta la más alta y eché a correr por el borde, el borde que separaba la cancha de las gradas, el borde que separaba las gradas del abismo, de la pendiente pronunciada.

Y corrí. Corrí. No huyendo, no con miedo. No huyendo de ellos (de todos ellos), sino yendo conmigo. Oí en mi cabeza el (diluvio de) comentario(s), el tono (despectivo), el juicio (generalizado), un versículo originario (del machismo). Las palabras son un arma contundente, una bala de escopeta que ellos apuntan al centro de mi mente.

Son el río.

Corrí por el borde a una velocidad jamás antes alcanzada. Corrí liberada, sintiendo el vértigo en cada vuelta, la fuerza centrífuga. Y gritaba. Gritaba en cada curva, con un rugido… una llama… un sollozo que desahogaba, liberaba, independizaba. [Ese grito quiero pronunciarlo en voz alta (pero son las 6 de la mañana) en la orilla de la carretera, hacia esos paisajes que nadie frecuenta, que casi nadie frecuenta].

Y rodeé el estadio a la velocidad vertiginosa, una dos, tres vueltas. Y gritaba.

Hasta que vi frente a mí a un hombre que estaba por caer. Un jugador que se tambaleó, o algo así, en un saque de banda. No iba a poder detenerme. Chocamos y quedé debajo de él cuando me cayó encima. Y eso me detuvo de caer por el borde de la grada.

—Sostenme o me voy caer al abismo —Le señalé con la mirada mi situación precaria.

—Tuviste suerte de que detuvieran el partido —dijo y luego sonrió.

Y sonreí.

Hubiera podido caer también hacia el otro lado, hacia la velocidad de sus carreras y la fuerza sus patadas.

Entonces llegó un par de mujeres que me ayudaron a sostenerme por los brazos y sentarme en el borde.

Y les agradecí.

Salmo 69


Perla en el bosque II


[Al bosque,
convocada
por una pregunta
años postergada].

«No me anegue la corriente de las aguas»,
pienso mientras siento
el océano dentro
subir desde mi centro.

Cuando él,
arrodillado,
sus manos sobre mis caderas,
mirando/esquivando
mis ojos lejanos,
exclama/cuestiona:

—¿Qué es lo que has dicho,
desdichada?

»¿Han sabido acaso
que me amabas?

«¡Que me trague el abismo!».
«¡Que el pozo cierre sobre mí su boca!».

Tiemblo mientras afirmo.

Y entonces veo el torrente
infiltrarse dentro del bosque
en forma de río.

Perla en el bosque


Perla en el bosque i


Perla en el bosque,
geranio entre los abetos,
rosa brillante entre el verde denso.

Dolor intenso
en el centro.

Llamado forzoso,
irrefrenable,
hacia mi dentro.

(Todos me han lastimado,
solo en eso pienso).

Perla que no veo,
gema que aún conservo,
aroma rosado
entre el gusto amargo
de las hojas de cada árbol.

Estoy en el bosque;
él me ha convocado.

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