Morana (poesía)


Dark and silent,
she’s there,
by the side of the road
that you’re suffering through.

Black hair, pale skin,
shining eyes in the shadows,
beautiful,
devilishly beautiful
and obscure.

You’re running fast
—solitary highway, night—
but still you see her
waiting silent, dark

staring at you
with an infinite look
that comes through ages
and through immeasurable pain.

«¿Will you come?»,
she asks,
or at least you hear those words
in the echoes of your mind.

«¿Will you be mine?»,
she demands.

And you’re compelled to
turn the wheel
and go right to the spot
where she awaits

even if that means
crashing into the wall,
into the mountain,
against life.

That’s what she wants:
For you to go home.

But you think of that
in a flash:

«¿Is that really home?
¿Is she real at all?
¿Or is she just in my head
like they always say?»

Beautiful Morana,
go away.

Beautiful Morana,
stay
the fuck
away.

And you slow down,
keep the wheel straight,
and say goodbye
for now
to her.

VERSIÓN EN ESPAÑOL

Silenciosa y oscura,
ella espera
a la orilla del camino
que atraviesas.

Negros cabellos, piel pálida,
ojos brillando en la sombra,
hermosa,
endemoniadamente hermosa
y negra… (Sigue leyendo en Salto al reverso)

Fotografía de Edgar Salazar publicada originalmente en Dimedio Estudio.

Fotografía de Edgar Salazar publicada originalmente en Dimedio Estudio.

Muerte, muerte, muerte (sueños)


¡Oh, mi mente se empeña en soñar con muerte! Tres sueños: La muerte de alguien más, la mía y la provocada por mí.

I

A esa señora se le habían muerto sus dos hijos y su esposo el mismo día. Otros voluntarios y yo colocábamos una antorcha en su memoria, tan alta que quemaba las copas de los árboles. Subí la escalera desde el jardín y ahí la encontré: la señora iba enlutada de pies a cabeza y acompañada de su padre. Era alta y tenía el cabello negro y corto, su rostro expresaba dolor, pero también un gran temple.

Yo caí a sus pies, llorando por ella, llorando lo que no lloraba ella.

—¿Por qué lloras? —me preguntó el señor del cabello completamente blanco.

—Porque los mataron a los tres, el mismo día.

—¡Hijos de puta! —exclamó el hombre, y yo supe que se refería a los asesinos, los terroristas.

Ella no dijo nada.

II

Que iban a matarme. Estaba condenada a muerte. Era la forma en que más temía morir (la segunda era Sigue leyendo

Hombres en llamas (sueño)


Dos hombres estaban en llamas en medio de la plaza. El fuego era azul. Sus ropas se habían fusionado con su piel chamuscada, sus rasgos literalmente se derretían. Yo veía la agonía en sus rostros y me preguntaba por qué nadie les ayudaba.

Hasta que me di cuenta de lo que sujetaban en las manos. Aún en su dolor, sostenían frascos con algún líquido dentro: ácido o alguna sustancia que seguramente explotaría y nos mataría a todos. Iban a inmolarse, pero nos destruirían a nosotros también.

Y entonces vi el terror en los rostros de los demás. Y mi piedad hacia ellos se convirtió en horror y pánico. Quise correr y alejarme de aquella plaza antes de la explosión, antes de la muerte.

fuego liquido

Foto: SXC

Asesinato planeado (sueño)


Estaba dicho y todos lo sabían: Iban a matarme. Era necesario. Era una lucha de poder en la que yo no tenía nada que ver, pero aun así…

Como la hija del presidente, mi muerte era necesaria para poder culpar a los terroristas de ello y así desatar la guerra, pero sería la gente de mi padre la que daría el golpe. Y él era quien había dado la orden de sacrificarme.

Habían dado a mis asesinos una lista con los horarios y situaciones en que yo era más vulnerable: las horas en que dormía en mi cama con la ventana abierta, las noches en que regresaba a casa por aquella oscura y solitaria calle. Sólo era cuestión de tiempo y yo esperaba y esperaba, entre nerviosa y resignada.

Encontré a algunos conocidos en la calle. Tras saludarlos, les pregunté si ellos sabían que yo estaba condenada a morir. «Sí». Y que qué opinaban al respecto. «Así es la vida, dear».

Y a esa sensación de inquietud constante y rabia contenida, se sumó el sentimiento de traición por parte de todos los que conocía.

Ahora no me quedaba más que esperar.

Delirios III (sueño invitado)


Les comparto el sueño de un talentoso compañero escritor:

Llegué al hospital acompañado de mis padres, no tenía idea de a quién íbamos a ver. Entramos y ahí se encuentra toda mi familia. Primos, tíos, hermanos… Todos juntos con caras de tristeza.

Todos parecen ignorar el hecho de que yo acababa de entrar, la tristeza no los dejaba fijarse en nada. Comienzo a caminar por los pasillos y me parece ver de lejos a mi tío abuelo, el cual había muerto unos años antes. Corrí a donde mi familia a contárselos y…

Para seguir leyendo haz clic aquíPara leer más sueños y relatos como éste, visita Crónicas, sucesos y delirios, un interesante blog amigo.

¿Quieres ser publicado aquí como autor invitado? ¡Participa aquí!.

Viaje (relato y sueño)


Revisando viejos papeles, encontré esta mezcla entre relato y sueño, escrito hace 10 años para una página de cuentos ya desaparecida llamada PH Cuentos (saludos, ‏Prudencio Hernández). Creo que aún aplica para un diario de sueños como éste.

Viaje

Sí, es cierto que rezaba sin respuesta cada noche y también es cierto que dormía arrinconada en la orilla de la cama, esperando en vano a que él llegara. Así es que esa mañana no esperaba encontrar nada distinto, sólo lo de siempre: un silencio divino y el vacío en mi cama.
Pero no. Abrí los ojos y allí estaba él, acostado junto a mí. Sigue leyendo