Editora general de Editorial Salto al reverso.
Mi objetivo es fomentar mi crecimiento profesional y personal impulsando a escritores y artistas para que publiquen sus propios libros.
Soy editora general de la Editorial Salto al reverso, que publica obras de poesía, relato y artes plásticas en inglés y en español.
«Cómo enseñar a leer a tu bebé» Por Carla Paola Reyes / Mayté Guzmán
¿Puede un bebé aprender a leer? La respuesta es sí. A través de un sencillo método, aplicado desde hace décadas en Estados Unidos, enseñar a leer a los más pequeños se ha convertido en una actividad lúdica, que además potencia el desarrollo multidimensional durante su crecimiento.
Aunque la costumbre más extendida es enseñar a leer a los niños a partir de la edad escolar —aproximadamente a los seis años—, es precisamente durante edades más tempranas cuando un niño puede aprender de forma sencilla y natural a leer. Y deberíamos ofrecerle la oportunidad de hacerlo.
Este libro interactivo está inspirado en el método diseñado por el aclamado fisioterapeuta estadounidense Glenn Doman, que comenzó siendo una práctica alternativa para ayudar al desarrollo de niños con algún tipo de lesión cerebral. Incluye material de lectura y también tarjetas recortables…
«Eres tú», pensé, mirándote de nuevo a través del éter. —I’m sorry. —Don’t be. —Pero debe ser difícil para ti, no tienes carritos… —Tengo todo. Y yo entendí a que te referías. —Perdóname —repetí. —No lo sientas. Todo salió de acuerdo al plan. —¿Cuál plan? ¿What for? —For you to feel. Y me lo mostraste a él, tan parecido a ti, y mi speech de ayer: the long path que me ha traído hasta aquí.
Fotografía: «The Same River», derivada de «Cascade River» de Josh Hild (Unsplash).
Me ha parecido cruel usar el agua en contra mía; mi elemento, mi ser.
No había entendido que el océano dentro no era mío.
No había entendido que el río…
… que el río alimentaba el estanque que subía hasta ahogarme.
No había comprendido por qué era interminable el mar eterno, renovable, el ahogo incesante.
—
Estaba de pie a mitad del bosque, respondiendo una pregunta que sí/no ameritaba respuesta, como no ameritaban preguntas —ni antes ni nunca— todas mis entregas.
Pero siempre las había: la explicación, la justificación, la desaprobación, la vergüenza.
Los «por qués» y los «acaso…», ∴, el dolor desde la garganta hasta el sitio de la espada.
Estaba de pie y caí de rodillas; el río inundó el bosque y se bifurcó en dos vías: hacia un lago congelado y hacia un delta ajardinado.
Y un sol dorado arrojó una claridad cobriza sobre la desembocadura. que se dividía.
El calor bronceado evaporó el agua-arma, el ataque, el desmayo, el ahogo avergonzado.
Y entonces vi que se abría un pequeño sendero de florecillas.